Plaza de los Dolores, Seminario Conciliar de Nuestra Señora de Guadalupe, Santiago de Querétaro, 2 de marzo de 2015
Año de la Pastoral de la Comunicación Social – Año de la Vida Consagrada
Muy queridos hermanos y hermanas todos:
1. Me alegro en el Señor de poder en esta tarde dirigir un saludo a cada uno de ustedes los aquí presentes y ofrecerles una cordial bienvenida a esta Magna Concelebración Eucarística, mediante la cual, con el corazón lleno de gratitud, queremos dar gracias a Dios por la presencia de nuestro Seminario en esta Diócesis “Espacio privilegiado, escuela y casa para la formación de discípulos misioneros” (DA, 316), a lo largo de 150 años.
2. Me complace poder saludar con afecto:
Al Excmo. Sr. Arzobispo Mons. Christophe Pierre, Nuncio Apostólico en México, a quien agradecemos su cercanía y su preocupación por hacer presente entre nosotros la persona de Su Santidad el Papa Francisco.
Saludo al Excmo. Sr. Arz. Mons. Alfonso Cortés Contreras, Arzobispo de León y Metropolitano de la Región Bajío.
Saludo al Excmo. Sr. Obispo Mons. Mario De Gasperín Gasperín, Obispo emérito de esta Diócesis, quien con paternal predilección se preocupó por renovar, impulsar y promover en este seminario, una formación sacerdotal cada vez más acorde con el espíritu de la nueva evangelización. Gracias Monseñor.
Saludo a S.E.R. Mons. Fidencio López Plaza, a quien felicitamos por el nombramiento que el día de hoy el Papa Francisco le ha hecho como buen pastor y obispo misionero de la Diócesis de San Andrés Tuxtla, Ver.
Saludo a mis hermanos Arzobispos y Obispos aquí presentes, gracias por su presencia y compañía que nos confirma en la comunión y en la colegialidad.
Saludo a cada uno de los sacerdotes y diáconos de esta querida Diócesis. Son ustedes el fruto privilegiado que esta noble Institución ha ofrecido a la Iglesia, para continuar con la misión de llevar el evangelio a todas las gentes, a imagen de Jesucristo ‘Buen Pastor’, mediante el ejercicio de la Caridad Pastoral. Quiero también reconocer en este día, el trabajo y el empeño de todos ustedes en la formación sacerdotal, especialmente de quienes han sido, a lo largo de todos estos años, formadores, maestros y guías espirituales y pastorales. Gracias por su entrega y su testimonio.
Saludo a cada uno de ustedes jóvenes seminaristas en sus diferentes etapas de formación. Ustedes “son y deben ser como la pupila de nuestros ojos; el objeto principal de nuestros cuidados” (cf. Pío XI, Enc. Ad catholici sacerdotii, 50). De ustedes la Iglesia espera sean cada vez más “un signo personal y atractivo de Cristo en el mundo, según el camino de santidad propio del ministerio sacerdotal”. (cf. NBFSM, 3). En ustedes vemos a los pastores discípulos misioneros, que han de guiar a nuestra Iglesia, anunciado a tiempo y a destiempo, la alegría del Evangelio, especialmente yendo en búsqueda de aquellos que han perdido la esperanza.
Saludo a los miembros de la vida consagrada, quienes desde el testimonio y la vivencia de los consejos evangélicos, fortalecen la formación sacerdotal. les seguimos felicitando en este año de la Vida Consagrada. Especialmente saludo a las Hermanas Misioneras Marianas, quienes a través de su apostolado y su carisma han colaborado durante tantos años en este seminario.
Saludo las autoridades civiles y políticas que nos acompañan, reconociendo en ustedes quienes con su empeño tutelan el bienestar y el bien común de nuestra sociedad.
Saludo a los bienhechores y amigos de este seminario, agradeciendo todos sus esfuerzos espirituales y materiales que han hecho y que seguirán haciendo en pro del sostenimiento de esta institución. Sepan que todo lo que ustedes hacen el Señor se los recompensará. Nuestra oración permanente por ustedes.
Saludo a los familiares de los seminaristas, agradeciendo que sean ustedes el núcleo básico y el lugar primigenio donde se gesta la semilla de la vocación. Es la familia quien han ofrecido siempre y continuará ofreciendo las condiciones favorables para el nacimiento de las vocaciones.
Saludo a todos los aquí presentes, gracias por su presencia y cercanía.
3. Al celebrar este feliz aniversario, nuestra Iglesia diocesana, se siente agradecida con Dios porque a lo largo de estos 150 años su gracia nos ha conducido y ha provisto para nuestras comunidades cristianas de pastores según su corazón; el sacerdocio es un don de Dios para e mundo, pues a través de los pastores Él reúne, alimenta y cuida a la comunidad cristiana, y por el ministerio profético, sacerdotal y pastoral, lleva adelante la misión de salvar a la humanidad a través de la Iglesia (cf. NBFSM, 4). Agradecemos a Dios el fruto de 8 señores obispos y 617 sacerdotes que han egresado de este semillero.
4. Sean todos bienvenidos a esta celebración gozosa, donde Jesucristo, el Pastor de las ovejas, se hace presente en medio de nosotros.
† Faustino Armendáriz Jiménez
IX Obispo de Querétaro